Por el contrato de compraventa una de las partes se obliga a entregar una cosa determinada y el otro a pagar por ella un precio cierto, en dinero o signo que lo represente. Así glosa el artículo 1445 del Código Civil.  El objeto del contrato de compraventa es la cosa y el precio. Ahora bien, ¿Qué ocurre cuando la cosa la vende quien aún no es propietario del bien inmueble objeto de transmisión? O dicho de otro modo ¿es válida la venta de cosa ajena o futura?  

Antes que nada, hay que expresar que por venta de cosa ajena se entiende la que tiene por objeto una cosa que no existe actualmente pero cuya existencia se espera según el curso natural de las cosas. Es decir, se trata de la cosa que aún no está en el patrimonio del vendedor pero que se da como cierto que estará en el mismo y, entonces, podrá ser objeto de traditio. 

Con tales antecedentes, responderemos a las preguntas  previas  de manera rotunda y sin demora, que la venta es válida y puede llegar a ser eficaz, tal como se recoge en doctrina proclamada claramente por la sentencia del pleno de la Sala Primera del Tribunal Supremo, de 5 de marzo de 2007. 

La doctrina contenida en esta Sentencia   viene a descartar la nulidad de la compraventa por falta de objeto y  afirma  que la falta de poder de disposición únicamente afecta a la posterior tradición, pero que precisamente es esa falta la que trata de salvar el art.34 LH. Asimismo,  en la Sentencia del Tribunal Supremo de 5 de mayo de 2008, confirmatoria de la anterior de 2007,  de manera aún más tajante se indica: «La venta de cosa es válida, en ningún caso se puede tildar de inexistente por falta de objeto; el objeto existe, es el piso; distinto es la falta de poder disposición sobre el objeto, que da lugar a la ineficacia y puede dar lugar a la adquisición a non domino en virtud del art.464 CC en los bienes muebles y del art.34 LH para los bienes inmuebles». 

Por tanto, y en resumen, con independencia de las dificultades que en cada caso pueda plantear la venta de cosa ajena, ésta es perfectamente válida y admitida por nuestra doctrina y  por la jurisprudencia del Tribunal Supremo.